Traición (Rabastan/Hermione)
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Traición (Rabastan/Hermione)
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Lágrimas en los ojos, lágrimas que resbalaban por el fino y dulce rostro de aquella muchacha. Una muchacha de cabellos castaños claros y rizados, esa muchacha de tiernos ojos color ámbar y miel… esa muchacha cuyos amigos han dejado atrás otro año más. Y es que la vida de Hermione en el último año en Hogwarts había cambiado mucho…
Pero no es el momento de narrar aquellos lamentables hechos, cuando la muchacha perdió la confianza en todos aquellos que no eran Harry y Ron, la paranoia que había asolado su mente, sospechando de todos aquellos que podían hacer daño a sus amigos… siempre igual. Le había tocado el papel de amiga responsable, que cuidaba de Ron y de Harry. Realmente, no le había importado nunca, era feliz así, pero pronto se dio cuenta d que sus amigos podían prescindir de ella en cualquier momento y llegó a pensar, que si ya no les era útil, la abandonarían. Ellos no sabían nada de esto, y cuando un día decidieron hacer un viaje hasta casa de Sirius Black, el difunto padrino de Harry, para buscar pruebas o información posible para usar en contra de sus enemigos, la dejaron sola en el castillo, un lugar demasiado lúgubre para una mente solitaria y un alma desamparada como en el caso de Hermione…
Tras esperar mucho rato, Hermione montó en cólera y decidió salir a dar una vuelta.
La ira la cegaba sobremanera y penetró en el bosque prohibido sin darse cuenta.
Ignoró que entraba, e ignoró estar dentro durante al menos un rato.
"Una estampa muy graciosa…"- pensaba ella, mientras le daba vueltas a su situación actual.-Hermione Granger, la empollona sabelotodo oficial de Hogwarts, sola. No ha tardado mucho la verdad… el estúpido de Malfoy no tardará en enterarse, y entonces, tendré que aguantarlo durante mucho tiempo…- decía en voz alta para si misma, pero de repente, un sondo extraño interrumpió sus conversación consigo misma.
Un sonido, parecido a una sonrisa entre malvada y sensual, una risa masculina que nada tenía que ver con las risas normales, sino que era como música a los oídos de cualquiera asustó a Hermione…
Entonces salió de su estado de enajenación mental y se dio cuenta de que se había adentrado en el bosque, y que le sería complicadísimo salir de allí, pues el interior del bosque estaba oscuro, y no había vida por sus rincones… no había anda, ni siquiera estaban los árboles habituales… estaba sola, con esa risa acechándola… el cielo estaba cubierto por nubes negras… nubes que no auguraban nada bueno.
Simplemente echó a correr en dirección a una especie de seto, un seto en el fondo del bosque, por lo menos, de donde alcanzaba su vista.
Cruzó el seto sin ningún temor, pues cualquier lugar era mejor que aquel en el que se encontraba.
Cual fue su sorpresa al descubrir que al otro lado del seto crecía un hermoso jardín, iluminado por el brillo de la luna, probablemente fuese el único lugar del bosque en el que la luna fuese visible. Un paisaje oscuro pero a la vez, lleno de vida, con rosas rojas como la sangre de las victimas del legítimo dueño del jardín, lirios que albergaban la belleza del rostro de aquel misterioso hombre que reía cercano al oído de Hermione… y es en este preciso instante, cuando una brisa con olor a colonia cara se acerca a Hermione por detrás, una sombra que reptaba como una serpiente, una serpiente por costumbre…
Entonces la serpiente susurró en su oído:
- Mi querida niña… te estaba esperando- una voz cruel pero hermosa, la voz de hombre más letal de cuantas existiesen.
- ¿Quién eres tú?- preguntó Hermione nerviosa entre gritos y curiosidad.
- Ya lo sabes… soy el que te ha traido aquí.
- Dame tu nombre, no estoy para juegos…- dijo Hermione amargamente.
- Es una lástima… me encanta jugar- contestó la voz sensualmente.
Hermione dio un giro brusco para averiguar quién era aquella aquel desconocido...no obstante, no consiguió nada, pues una sombra siempre será más rápida, porque, al fin y al cabo, es una sombra.
Pero Hermione no desistió en su intento y continuó hablando con la sombra.
- ¿Qué quieres de mí?- preguntó.
- Nada que no puedas darme, nada que te haga daño, pues sólo quiero que disfrutes de tu estancia aquí…conmigo.
- Dime quién eres… por favor.
- ¿Crees que te gustaría saberlo? Tal vez, pensases mal de mí si llegara el momento de decirte realmente quién soy.
- Dime cual es tu nombre por favor… o déjame marchar.
- ¿Crees que continúas aquí por que yo no te dejo marchar? Puedes irte cuando quieras, pero no quieres, quieres quedarte aquí, y descubrir mis secretos.
Hermione reflexionó un momento deseaba conocer los secretos de aquella voz tan misteriosa, descubrir ciertamente quien era el dueño de aquella voz que la confundía de aquella manera tan cruel, y a la vez, excitante.
- Eso es. Quédate aquí y puede que te revele quién soy yo.- dijo aquella voz.
- Por favor, dime quién eres. Tal vez sean sólo imaginaciones mias, pero mi intuición me dice que te conozco.
- Me conoces niña, pero no conocías esta faceta mía. Sólo el mal que podría causar mi poder, no lo que se esconde detrás.
Hermione, no sabía que pensar, pues estaba completamente confusa. Sus palabras le habían caído como una losa, pues aquella voz que la había sumido en un hechizo hermoso era la voz de una mala persona, una persona que estaba en contra de sus amigos.
Hizo un amago de irse de aquel lugar, pero su cuerpo no le respondía, no quería irse, quería permanecer allí, aunque fuera para matar a su enemigo…
- ¿Crees que deseas irte verdad? Pero no puedes, por algún extraño motivo, sabes que lo que realmente deseas es quedarte… Quédate.- sentenció aquella voz en un tono entre sensual y de mandato.
"Odio no poder dominar mis actos…"
- Te enseñaré a dominarte, te enseñaré todo lo que quieras saber. Estaré a tu entera disposición… Haré lo que me pidas, y podrás hacer conmigo cuanto se te antoje…
- Dime quién eres.
- Te lo mostraré- sentenció la voz finalmente. Hermione no podía contener la emoción pensando que había vencido, pero no sabía que la imagen la fuese a sorprender tanto... nunca pensó en aquella posibilidad, pero lo más inesperado fue, que no sintió odio ni desagrado por aquella persona que tenia delante de sí…
Aquella voz se materializó delante de Hermione, cubierta completamente con una capa negra, que no permitía ver su rostro, no así con su figura. A simple vista denotaba ser fuerte. Cuando se bajó la capucha, muy lentamente dejó ver su rostro a aquella muchacha de ojos emocionados y soñadores, que más bien parecían haber soportado tormentos indescifrables y haber sido traicionada por aquellos a los que más quería, sus amigos.
Pero ahora su rostro denotaba sorpresa al descubrir a aquel hombre de cabello oscuro como el azabache y ojos oscuros como la noche estrellada. Rabastan Lestrange se materializó delante de Hermione Granger. Dos eternos rivales, enemistados por una guerra que nada tenía que ver con ellos, sólo con sus respectivos amigos, una guerra que no les permitía otra cosa que odiarse, nunca conocerse.
Hermione no se movió. Aunque no entendía nada de aquello que estaba pasando no se sentía con fuerzas para discurrir.
Se miraron fijamente las caras, pensando en mil cosas a la vez, pensando en el odio y en la atracción, en la opresión y en la libertad.
El odio inculcado.
La atracción despertada.
Opresión que les impedía hablar cordialmente.
La libertad de estar solos en aquel jardín lejos de las miras de todos aquellos que les obligaban a enemistarse.
Pero por un momento creyó volver a la cordura, pero no tenía su varita. No le importó, puesto que no deseaba acabar con la vida de alguien que de momento no la había atacado, tal vez pasado un tiempo… pero no ahora.
- Oh Dios… ¿por qué tienes que ser tú? Habría soportado cualquier otra presencia, pero tú… no quiero saber nada más.- sentenció Hermione, que parecía tremendamente dolida, muy decepcionada, como si su corazón estuviese muriendo por dentro…
- Espera…- dijo Rabastan con la mano en alza y gesto de dolor.
Pero Hermione no esperó, comenzó a andar. Quería irse, pero no se podía considerar aquello una huída, pues nadie la había hecho prisionera… debía contar a sus amigos lo que había descubierto, acabar con Rabastan, y derrotar a un poderoso enemigo. Pero de pronto se paró en seco cuando notó la presencia de él a su lado.
Hermione no entendía nada. ¿Por qué aquel poderoso hombre no había acabado con ella todavía? No sabía porqué estaba allí, ni por que se sentía atraída por sus palabras, su voz. Se volvió lentamente hacia su enemigo.
Hemione no articulaba palabra, pero parecía que Rabastan podía leer todo lo que tenía dentro de la cabeza. Eso en parte la alivió, porque no conocía las palabras adecuadas para expresar aquellos contradictorios sentimientos que la estaban volviendo loca… se dio cuenta de que ella, la sabihonda Hermione Granger, no conocía las palabras para expresar sus sentimientos… algo tan simple como se le resistía.
- Qué dulce- salió de los labios de Rabastan. Un hombre completamente destinto al que Hermione había conocido…
- No sé qué es lo que está pasando…- dijo Hermione, pero no se atrevió a terminar, o tal vez no quiso, no quería estropear aquello… intentó salir de eso. Tenía que ser un sortilegio un maleficio, un engaño, no podía creer nada de lo sucedido y volvió a darle la espalda a Rabastan. Pero este la tomó por los hombros con infinita ternura y la miró dulcemente a los ojos.
Ella se sentía embobada, y a la vez, mejor que nunca, pues nunca nadie tan hermoso había guardado tantos secretos para ella, parecía conocerla más que a sí misma, pero todo parecía ilusorio… le estaba haciendo daño… no podía ser. Nunca dejaría de ser fiel a su amistad con Harry, siempre defendería su causa… nunca dejaría de amar a Ron… pero estaba haciendo ambas cosas. Empezó a comprender a su enemigo, y no lo veía del todo mal, pero no se sentía en disposición de seguir pensando…
Hermione, echo a correr definitivamente… no podía soportar todo aquello que estaba sucediendo, solo quería volar lejos de allí, olvidar todo aquello que le estaba sucediendo… olvidar que existía, olvidar a sus amigos… olvidar a Rabastan… no se detuvo, ni vaciló. No quería mirar atrás, sabía que si lo hacía nunca volvería a poder mirar a sus amigos a la cara sin sentir vergüenza. Todo formaba parte de una balanza: seguir a la cordura o seguir a la locura. Su cerebro racional la hizo seguir a la cordura y dirigirse a la salida del jardín. Había faltado poco, pero nadie conseguía engañar a aquella muchacha… no mientras consiguiese dos segundos para razonar su situación. Ahora era el momento de huir. Luego llegaría el momento de llorar, y finalmente olvidaría todo aquello. Era sencillo, como siempre. Dejaría morir un poco más a aquella parte de sí que estaba oprimida en su corazón. Aquella parte que deseaba hacer cosas estúpidas y arriesgarse…"¿Pero qué estoy haciendo? No puedo huir como una cobarde" pensó la muchacha volviéndose, pero esta vez para quedarse.
La sorpresa fue, que parecía que Rabastan se iba, puesto que estaba harto de que Hermione no se decidiese, y parecía profundamente dolido.
- Espera… por favor- habló Hermione.
- ¿Qué?- dijo Rabastan, con semblante decepcionado y algo parecido a un brillo de lágrimas en los ojos.
- No te vayas- rogó Hermione. No quería perder aquello, no quería que ese hermoso sueño desapareciese para no volver… amaba a aquel hombre…
- ¿Para qué me iba a quedar? Para ti soy sólo un enemigo al que destruir, pero he de advertirte que no lo conseguirás.
- Porque quiero que te quedes, porque no quiero que seas un enemigo, porque he comprendido muchas cosas aquí, a tu lado, porque me has guiado, porque me has enseñado, que da igual que no quiera ser esa chica que anda siempre cuidando de sus amigos, porque ahora comprendo que deseo que alguien me cuide a mí…
- No juegues con fuego niña, has agotado mi paciencia.- alegó él. Parecía dolido, pero a la vez oscura, sombría, cruel. Pese a todo denotaba que estaba realmente afligido…
- Por favor…- rogó Hermione, en un susurro, que más tarde pensó que tal vez, Rabastan no la hubiese oído, pero no fue así. Una lágrima corría por su mejilla, pero ella no lo notaba.
Ambos se quedaron en silencio mirándose fijamente… nada quedaba ya, más importante. Hermione se dio cuenta, que por aquel hombre sería capaz de abandonar a sus amigos y unirse a la causa del Señor Tenebroso si se lo pedía el hombre que tenía frente a sí.
- Al fin, pareces entender lo que está sucediendo- dijo Rabastan en un tono profundo, siniestro y a la vez hermoso.
- Gracias por enseñarme a creer…-Hermione tomó aire para poder continuar.- …a creer en mi misma, a creer en ti, y a poder elegir.
- ¿Elegir el qué?
- Donde quiero estar.
- ¿Dónde quieres estar pequeña?- se detuvo un momento para darle tiempo a reflexionar.- Yo no tengo nada más que decir. Sabes lo que soy, sabes quien soy, y lo que te ofrezco. Tal vez tengas que hacer algún sacrificio pero te he mostrado que detrás de la maldad existe una causa, existe un corazón. No debemos lucha entre nosotros, yo no lo quiero así. Sólo deseo…- se paró, no sabía cómo continuar.
- Haré cuanto me pidas si ello conlleva estar a tu lado.- dijo Hermione.
- Quédate conmigo, y estaremos juntos.
Rabastan, besó suavemente a la chica, no fue un beso con pasión, en él sólo había dulzura y cariño… un beso capaz de poder unir al mal, y al bien, el fuego, con el agua, la vida, con la muerte…
Se separaron dulcemente, y se despidieron sin palabras, pues Hermione, volvía al lado de sus amigos, esta vez, con el destello del mal que se encendió en sus ojos…
¿O era amor?
Hermione se empezó a alejar ya, sólo unos pasos, cuando volvió a oír la voz de Rabastan detrás de sí…
- Algún día estaremos juntos, Hermione.
)Lágrimas en los ojos, lágrimas que resbalaban por el fino y dulce rostro de aquella muchacha. Una muchacha de cabellos castaños claros y rizados, esa muchacha de tiernos ojos color ámbar y miel… esa muchacha cuyos amigos han dejado atrás otro año más. Y es que la vida de Hermione en el último año en Hogwarts había cambiado mucho…
Pero no es el momento de narrar aquellos lamentables hechos, cuando la muchacha perdió la confianza en todos aquellos que no eran Harry y Ron, la paranoia que había asolado su mente, sospechando de todos aquellos que podían hacer daño a sus amigos… siempre igual. Le había tocado el papel de amiga responsable, que cuidaba de Ron y de Harry. Realmente, no le había importado nunca, era feliz así, pero pronto se dio cuenta d que sus amigos podían prescindir de ella en cualquier momento y llegó a pensar, que si ya no les era útil, la abandonarían. Ellos no sabían nada de esto, y cuando un día decidieron hacer un viaje hasta casa de Sirius Black, el difunto padrino de Harry, para buscar pruebas o información posible para usar en contra de sus enemigos, la dejaron sola en el castillo, un lugar demasiado lúgubre para una mente solitaria y un alma desamparada como en el caso de Hermione…
Tras esperar mucho rato, Hermione montó en cólera y decidió salir a dar una vuelta.
La ira la cegaba sobremanera y penetró en el bosque prohibido sin darse cuenta.
Ignoró que entraba, e ignoró estar dentro durante al menos un rato.
"Una estampa muy graciosa…"- pensaba ella, mientras le daba vueltas a su situación actual.-Hermione Granger, la empollona sabelotodo oficial de Hogwarts, sola. No ha tardado mucho la verdad… el estúpido de Malfoy no tardará en enterarse, y entonces, tendré que aguantarlo durante mucho tiempo…- decía en voz alta para si misma, pero de repente, un sondo extraño interrumpió sus conversación consigo misma.
Un sonido, parecido a una sonrisa entre malvada y sensual, una risa masculina que nada tenía que ver con las risas normales, sino que era como música a los oídos de cualquiera asustó a Hermione…
Entonces salió de su estado de enajenación mental y se dio cuenta de que se había adentrado en el bosque, y que le sería complicadísimo salir de allí, pues el interior del bosque estaba oscuro, y no había vida por sus rincones… no había anda, ni siquiera estaban los árboles habituales… estaba sola, con esa risa acechándola… el cielo estaba cubierto por nubes negras… nubes que no auguraban nada bueno.
Simplemente echó a correr en dirección a una especie de seto, un seto en el fondo del bosque, por lo menos, de donde alcanzaba su vista.
Cruzó el seto sin ningún temor, pues cualquier lugar era mejor que aquel en el que se encontraba.
Cual fue su sorpresa al descubrir que al otro lado del seto crecía un hermoso jardín, iluminado por el brillo de la luna, probablemente fuese el único lugar del bosque en el que la luna fuese visible. Un paisaje oscuro pero a la vez, lleno de vida, con rosas rojas como la sangre de las victimas del legítimo dueño del jardín, lirios que albergaban la belleza del rostro de aquel misterioso hombre que reía cercano al oído de Hermione… y es en este preciso instante, cuando una brisa con olor a colonia cara se acerca a Hermione por detrás, una sombra que reptaba como una serpiente, una serpiente por costumbre…
Entonces la serpiente susurró en su oído:
- Mi querida niña… te estaba esperando- una voz cruel pero hermosa, la voz de hombre más letal de cuantas existiesen.
- ¿Quién eres tú?- preguntó Hermione nerviosa entre gritos y curiosidad.
- Ya lo sabes… soy el que te ha traido aquí.
- Dame tu nombre, no estoy para juegos…- dijo Hermione amargamente.
- Es una lástima… me encanta jugar- contestó la voz sensualmente.
Hermione dio un giro brusco para averiguar quién era aquella aquel desconocido...no obstante, no consiguió nada, pues una sombra siempre será más rápida, porque, al fin y al cabo, es una sombra.
Pero Hermione no desistió en su intento y continuó hablando con la sombra.
- ¿Qué quieres de mí?- preguntó.
- Nada que no puedas darme, nada que te haga daño, pues sólo quiero que disfrutes de tu estancia aquí…conmigo.
- Dime quién eres… por favor.
- ¿Crees que te gustaría saberlo? Tal vez, pensases mal de mí si llegara el momento de decirte realmente quién soy.
- Dime cual es tu nombre por favor… o déjame marchar.
- ¿Crees que continúas aquí por que yo no te dejo marchar? Puedes irte cuando quieras, pero no quieres, quieres quedarte aquí, y descubrir mis secretos.
Hermione reflexionó un momento deseaba conocer los secretos de aquella voz tan misteriosa, descubrir ciertamente quien era el dueño de aquella voz que la confundía de aquella manera tan cruel, y a la vez, excitante.
- Eso es. Quédate aquí y puede que te revele quién soy yo.- dijo aquella voz.
- Por favor, dime quién eres. Tal vez sean sólo imaginaciones mias, pero mi intuición me dice que te conozco.
- Me conoces niña, pero no conocías esta faceta mía. Sólo el mal que podría causar mi poder, no lo que se esconde detrás.
Hermione, no sabía que pensar, pues estaba completamente confusa. Sus palabras le habían caído como una losa, pues aquella voz que la había sumido en un hechizo hermoso era la voz de una mala persona, una persona que estaba en contra de sus amigos.
Hizo un amago de irse de aquel lugar, pero su cuerpo no le respondía, no quería irse, quería permanecer allí, aunque fuera para matar a su enemigo…
- ¿Crees que deseas irte verdad? Pero no puedes, por algún extraño motivo, sabes que lo que realmente deseas es quedarte… Quédate.- sentenció aquella voz en un tono entre sensual y de mandato.
"Odio no poder dominar mis actos…"
- Te enseñaré a dominarte, te enseñaré todo lo que quieras saber. Estaré a tu entera disposición… Haré lo que me pidas, y podrás hacer conmigo cuanto se te antoje…
- Dime quién eres.
- Te lo mostraré- sentenció la voz finalmente. Hermione no podía contener la emoción pensando que había vencido, pero no sabía que la imagen la fuese a sorprender tanto... nunca pensó en aquella posibilidad, pero lo más inesperado fue, que no sintió odio ni desagrado por aquella persona que tenia delante de sí…
Aquella voz se materializó delante de Hermione, cubierta completamente con una capa negra, que no permitía ver su rostro, no así con su figura. A simple vista denotaba ser fuerte. Cuando se bajó la capucha, muy lentamente dejó ver su rostro a aquella muchacha de ojos emocionados y soñadores, que más bien parecían haber soportado tormentos indescifrables y haber sido traicionada por aquellos a los que más quería, sus amigos.
Pero ahora su rostro denotaba sorpresa al descubrir a aquel hombre de cabello oscuro como el azabache y ojos oscuros como la noche estrellada. Rabastan Lestrange se materializó delante de Hermione Granger. Dos eternos rivales, enemistados por una guerra que nada tenía que ver con ellos, sólo con sus respectivos amigos, una guerra que no les permitía otra cosa que odiarse, nunca conocerse.
Hermione no se movió. Aunque no entendía nada de aquello que estaba pasando no se sentía con fuerzas para discurrir.
Se miraron fijamente las caras, pensando en mil cosas a la vez, pensando en el odio y en la atracción, en la opresión y en la libertad.
El odio inculcado.
La atracción despertada.
Opresión que les impedía hablar cordialmente.
La libertad de estar solos en aquel jardín lejos de las miras de todos aquellos que les obligaban a enemistarse.
Pero por un momento creyó volver a la cordura, pero no tenía su varita. No le importó, puesto que no deseaba acabar con la vida de alguien que de momento no la había atacado, tal vez pasado un tiempo… pero no ahora.
- Oh Dios… ¿por qué tienes que ser tú? Habría soportado cualquier otra presencia, pero tú… no quiero saber nada más.- sentenció Hermione, que parecía tremendamente dolida, muy decepcionada, como si su corazón estuviese muriendo por dentro…
- Espera…- dijo Rabastan con la mano en alza y gesto de dolor.
Pero Hermione no esperó, comenzó a andar. Quería irse, pero no se podía considerar aquello una huída, pues nadie la había hecho prisionera… debía contar a sus amigos lo que había descubierto, acabar con Rabastan, y derrotar a un poderoso enemigo. Pero de pronto se paró en seco cuando notó la presencia de él a su lado.
Hermione no entendía nada. ¿Por qué aquel poderoso hombre no había acabado con ella todavía? No sabía porqué estaba allí, ni por que se sentía atraída por sus palabras, su voz. Se volvió lentamente hacia su enemigo.
Hemione no articulaba palabra, pero parecía que Rabastan podía leer todo lo que tenía dentro de la cabeza. Eso en parte la alivió, porque no conocía las palabras adecuadas para expresar aquellos contradictorios sentimientos que la estaban volviendo loca… se dio cuenta de que ella, la sabihonda Hermione Granger, no conocía las palabras para expresar sus sentimientos… algo tan simple como se le resistía.
- Qué dulce- salió de los labios de Rabastan. Un hombre completamente destinto al que Hermione había conocido…
- No sé qué es lo que está pasando…- dijo Hermione, pero no se atrevió a terminar, o tal vez no quiso, no quería estropear aquello… intentó salir de eso. Tenía que ser un sortilegio un maleficio, un engaño, no podía creer nada de lo sucedido y volvió a darle la espalda a Rabastan. Pero este la tomó por los hombros con infinita ternura y la miró dulcemente a los ojos.
Ella se sentía embobada, y a la vez, mejor que nunca, pues nunca nadie tan hermoso había guardado tantos secretos para ella, parecía conocerla más que a sí misma, pero todo parecía ilusorio… le estaba haciendo daño… no podía ser. Nunca dejaría de ser fiel a su amistad con Harry, siempre defendería su causa… nunca dejaría de amar a Ron… pero estaba haciendo ambas cosas. Empezó a comprender a su enemigo, y no lo veía del todo mal, pero no se sentía en disposición de seguir pensando…
Hermione, echo a correr definitivamente… no podía soportar todo aquello que estaba sucediendo, solo quería volar lejos de allí, olvidar todo aquello que le estaba sucediendo… olvidar que existía, olvidar a sus amigos… olvidar a Rabastan… no se detuvo, ni vaciló. No quería mirar atrás, sabía que si lo hacía nunca volvería a poder mirar a sus amigos a la cara sin sentir vergüenza. Todo formaba parte de una balanza: seguir a la cordura o seguir a la locura. Su cerebro racional la hizo seguir a la cordura y dirigirse a la salida del jardín. Había faltado poco, pero nadie conseguía engañar a aquella muchacha… no mientras consiguiese dos segundos para razonar su situación. Ahora era el momento de huir. Luego llegaría el momento de llorar, y finalmente olvidaría todo aquello. Era sencillo, como siempre. Dejaría morir un poco más a aquella parte de sí que estaba oprimida en su corazón. Aquella parte que deseaba hacer cosas estúpidas y arriesgarse…"¿Pero qué estoy haciendo? No puedo huir como una cobarde" pensó la muchacha volviéndose, pero esta vez para quedarse.
La sorpresa fue, que parecía que Rabastan se iba, puesto que estaba harto de que Hermione no se decidiese, y parecía profundamente dolido.
- Espera… por favor- habló Hermione.
- ¿Qué?- dijo Rabastan, con semblante decepcionado y algo parecido a un brillo de lágrimas en los ojos.
- No te vayas- rogó Hermione. No quería perder aquello, no quería que ese hermoso sueño desapareciese para no volver… amaba a aquel hombre…
- ¿Para qué me iba a quedar? Para ti soy sólo un enemigo al que destruir, pero he de advertirte que no lo conseguirás.
- Porque quiero que te quedes, porque no quiero que seas un enemigo, porque he comprendido muchas cosas aquí, a tu lado, porque me has guiado, porque me has enseñado, que da igual que no quiera ser esa chica que anda siempre cuidando de sus amigos, porque ahora comprendo que deseo que alguien me cuide a mí…
- No juegues con fuego niña, has agotado mi paciencia.- alegó él. Parecía dolido, pero a la vez oscura, sombría, cruel. Pese a todo denotaba que estaba realmente afligido…
- Por favor…- rogó Hermione, en un susurro, que más tarde pensó que tal vez, Rabastan no la hubiese oído, pero no fue así. Una lágrima corría por su mejilla, pero ella no lo notaba.
Ambos se quedaron en silencio mirándose fijamente… nada quedaba ya, más importante. Hermione se dio cuenta, que por aquel hombre sería capaz de abandonar a sus amigos y unirse a la causa del Señor Tenebroso si se lo pedía el hombre que tenía frente a sí.
- Al fin, pareces entender lo que está sucediendo- dijo Rabastan en un tono profundo, siniestro y a la vez hermoso.
- Gracias por enseñarme a creer…-Hermione tomó aire para poder continuar.- …a creer en mi misma, a creer en ti, y a poder elegir.
- ¿Elegir el qué?
- Donde quiero estar.
- ¿Dónde quieres estar pequeña?- se detuvo un momento para darle tiempo a reflexionar.- Yo no tengo nada más que decir. Sabes lo que soy, sabes quien soy, y lo que te ofrezco. Tal vez tengas que hacer algún sacrificio pero te he mostrado que detrás de la maldad existe una causa, existe un corazón. No debemos lucha entre nosotros, yo no lo quiero así. Sólo deseo…- se paró, no sabía cómo continuar.
- Haré cuanto me pidas si ello conlleva estar a tu lado.- dijo Hermione.
- Quédate conmigo, y estaremos juntos.
Rabastan, besó suavemente a la chica, no fue un beso con pasión, en él sólo había dulzura y cariño… un beso capaz de poder unir al mal, y al bien, el fuego, con el agua, la vida, con la muerte…
Se separaron dulcemente, y se despidieron sin palabras, pues Hermione, volvía al lado de sus amigos, esta vez, con el destello del mal que se encendió en sus ojos…
¿O era amor?
Hermione se empezó a alejar ya, sólo unos pasos, cuando volvió a oír la voz de Rabastan detrás de sí…
- Algún día estaremos juntos, Hermione.
Última edición por Regulus Black el Lun Sep 14, 2009 7:24 pm, editado 2 veces
_________________
La muerte será el último enemigo que será derrotado, no lo consideres un impedimento para amarnos.


Regulus Black- Sexo:

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Localización: En la cueva, traicionando al Señor Tenebroso.
Fecha de inscripción: 12/09/2008
Re: Traición (Rabastan/Hermione)
Simplemente sorprendente
Juro que este fic me ha llegado al alma,
sobre todo porque esta es una de mis parejas preferidas y he de admitir que son rarísimos este tipo de fics
pero tu manera de describirlo es, sencillamente...PERFECTA.

Juro que este fic me ha llegado al alma,
_________________
Porque los mortífagos también tenemos corazón y aunque no lo parezca, también caemos en las garras del amor.


Azkaban: las cadenas de tu amor (Regulus/Herm)

En el pasado me enamoré de ti (Regulus/Herm)


Hermosura Regulus- Admin
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Localización: Bailando un vals con Regulus Black bajo la luz de la luna
Fecha de inscripción: 11/09/2008

Re: Traición (Rabastan/Hermione)
Precioso, escribes divino. Me ha encantado, espero leer más cosas tuyas.
_________________
Encerrada a oscuras en una noche sin luna, una carcel sin paredes donde ni respirar puedes, las rosas se marchitan mientras tu mirada se apaga y mi sangre se derrama sobre la tierra profana.



Hermione Granger- Sexo:

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Localización: Con Barty Crouch jr y nuestras intenciones no son buenas...
Fecha de inscripción: 13/09/2008
Re: Traición (Rabastan/Hermione)
wuaaa este hermoso
y espero que haya
continuacion pronto
y espero que haya
continuacion pronto

Ryoukai Ikari- Sexo:

Zodiaco:

Cantidad de envíos: 34
Edad: 18
Fecha de inscripción: 05/08/2009

Re: Traición (Rabastan/Hermione)
Hola a tod@s, en principio este fic era un Oneshot, pero se me ha ocurrido añadirle un nuevo capítulo. Se lo dedico a:
- Hermosura Regulus: gracias por tus palabras, he leído tus fics, son sorprendentes. Continúalos antes de que nos de un shock porque no actualizas.
- Hermione Granger: muchas gracias, espero que también te guste este capítulo.
- Ryoukai Ikari: gracias por tus ánimos. Me diste la idea para escribir este capítulo.
- Gailor: (soy un fiel admirador tuyo y no podría no incluirte en los agradecimientos cuando estoy enganchadísimo de tu fic
) Continúa así, eres genial escribiendo.
Capítulo 2:
Rabastan se sentó en un banco en el jardín del Bosque Prohibido, donde había tenido su primer encuentro con Hermione, de eso hacía meses. Amaba a esa bruja con todo su ser, la quería con locura, por esa razón él se había abierto completamente a ella, le había dicho todo su pasado, sus ideales, toda su vida, y ella lo había aceptado tal y como era. Ahora tenían encuentros furtivos casi todos los días, en aquel jardín donde se reunieron la primera vez.
Sonrió sabiendo lo que iba a pasar.
Jugó con sus dedos, recordando el momento en el que ella se había puesto sobre él, agarrándole por el cabello, obligándole a mirarlo a los ojos cuando llegó el clímax después del orgasmo. Esa había sido una de las pocas veces en las que ella había tomado el control, por eso ese banco era uno de sus sitios preferidos. Aunque después él hubiese recuperado rápidamente el control, agarrando sus caderas y penetrándola más, aumentando el ritmo. Recordó sus gemidos, dulce música para sus oídos. ¡Merlín! Había sido una noche memorable.
Con un pequeño gemido, Rabastan abrió un poco sus piernas, tratando de aliviar un poco la presión de su polla que comenzaba a endurecerse. Sólo pensar en la maldita bruja de cabellos rizados, conseguía poner su miembro erecto. Se alegró de que ella estuviese allí en unos momentos, necesitaba volver a tenerla en su interior y sentir sus músculos apretando su miembro, gritando y gimiendo por él.
¡Oh, le gustaba hacer lo que ella le pidiese! Era como una droga, una adicción. Imposible de controlar, de parar. Le gustaba ver a su joven amante de rodillas, o su desordenado cabello cuando él la penetraba por detrás. Le gustaba probar posturas nuevas y dar rienda suelta a su imaginación cuando estaba con ella. Y Hermione siempre le pedía más, siempre le rogaba y suplicaba que aumentase la velocidad, que la hiciese el amor más fuerte y profundo una y otra vez.
Con una maldición, se desabrochó el pantalón y sacó su polla cuando la presión fue demasiada ¿porqué su dulce bruja estaba tardando tanto? Esta noche, él la haría el amor, sí, pero esta vez sería diferente a todas las veces anteriores, porque esta vez le mostraría lo que significaba el dolor y el placer cuando iban entrelazados. No es que pensase torturarla con crucius, ni falta que hacía. Él era un mortífago, sí, pero amaba a su pequeña rival y jamás podría dañarla, sólo quería mostrarla cuanto la necesitaba y deseaba.
Rabastan cerró los ojos y se la imaginó con las mejillas sonrojadas, los labios rojizos hinchados y sensuales, sus ojos brillantes y suplicantes de deseo, su pelo salvaje desordenado, su cuerpo sudoroso y excitado. Con una maldición, empezó a masturbarse. ¡Lo suyo era un auténtico problema! La necesitaba, la ansiaba, no podía permanecer ni un sólo minuto sin ella.
¡Joder! Sólo pensar en ella y ya estaba tan cerca del orgasmo. Odiaba y amaba la forma en la que ella podría afectarlo. ¡Lo volvía loco de placer! Le encantaba escuchar su voz y susurrarla cosas al oído. Rabastan sacudió la cabeza y trató de pensar en otra cosa, necesitaba controlar su cuerpo, pensamientos y sentimientos.
Justo en ese momento, apareció ella.
Rabastan sonrió cuando vió que ella se detenía a una distancia prudente. La mayoría de las veces, era él el que se acercaba a ella y la besaba tierna y apasionadamente, mientras la recostaba sobre el pasto y mordía cada centímetro de piel descubierta, después la ropa iba desapareciendo. Otras veces, era ella la que mandaba y él obedecía sin chistar. Ella le hacía gruñir de placer, a veces ella le hacía un baile de streetees qué a él le encantaba mirar.
Pero esa noche sería diferente. Rabastan se tumbó sobre el banco, girando su cabeza para observarla mejor. Él sabía que ella lo estaba observando, intentaba resistirse a él, pero no podría. Hermione estaba esperando que él diese el primer paso, él lo sabía, pero eso no iba a suceder...no todavía. Él necesitaba que ella comprendiese, que entendiese que lo que él sentía por ella no era un capricho, que no era ningún juego. Era amor. Y deseaba que Hermione lo desease como él la deseaba a ella. Y esta noche él se aseguraría que ella lo entendiese todo.
Esta noche, ella reconocería que lo necesitaba, que lo deseaba, que lo amaba y que no podía estar lejos de él por más que lo intentara. Porque ella siempre volvía a su lado, no importaba cuantas veces ella susurrase que era un error, que no podían hacer eso porque ella estaba traicionando a su propio bando. Él siempre conseguía sacarla alguna sonrisa, cuando le susurraba palabras de amor en su oído, y le recordaba en cada encuentro cuanto la amaba. También él se encargaba de mostrarla que la necesidad que él sentía era correspondida, porque sólo él era capaz de darle algo que nadie le había dado nunca. Y eso lo llenaba de orgullo. Él la amaba y eso no cambiaría.
Rabastan vió como ella tragaba nerviosamente. Él sonrió y ella lamió sus labios. Sin embargo, tenía que esperar a que ella se acercase.
- Mi amor-susurró Rabastan en voz baja. Hermione sonrió y se acercó a él rápidamente, fundiéndose en un apasionado beso.- ¿Tienes algo para mi?-preguntó Rabastan en voz baja.
- Sí.-respondió Hermione sosteniendo un pergamino en su mano. Rabastan sonrió. Ella siempre volvía a él, porque ella también lo amaba, porque los sentimientos que sentía él eran correspondidos, ella misma los reconocía en cada encuentro, hiciesen o no hiciesen el amor, ella siempre terminaba reconociendo cuanto lo amaba. Es por eso que Hermione se había convertido en una doble espía. Seguía al lado del Niño que Vivió, pero toda la información se la entregaba a él, para que Rabastan se la dijese al Señor Tenebroso.
¿Cómo había sucedido todo? Después de su primer encuentro en el jardín del Bosque Prohibido, Rabastan había sido llamado ante El Señor Tenebroso, quien tras varias horas de tortura, había utilizado la Ligelimency con él y lo había descubierto todo. Al principio Su Señor se cabreó con él y lo mandó encerrar en el calabozo más oscuro de la mansión, pero tras pensarlo unos días, Su Señor reconsideró la situación y mandó capturar a Hermione. Rodolphus fue quien la secuestró, aunque Rabastan jamás lo reconociera, le había causado gracia ver el deplorable estado en el que había vuelto su hermano, lleno de magulladuras, barro y suciedad. Al parecer, Hermione había sabido defenderse. Tras una charla que Su Señor había mantenido con Hermione, delante de todos los mortífagos, en donde Rabastan había estado atado y amordazado, Voldemort decidió jugar un poco con Hermione y decirla que podría presenciar en primera fila el asesinato de Rabastan. Fue entonces cuando ella reaccionó, se puso de rodillas y suplicó porque lo dejaran vivir. Su Señor sonrió y la dijo que dejaría vivir a Rabastan si ella se convertía en una doble espía y le daba información sobre la Orden. Nadie se imaginó que ella aceptase, nadie la creyó cuando dió su palabra, pero con el tiempo, todos fueron aceptando la relación que mantenían el mortífago y la joven bruja. Ella era intocable, nadie la podía maldecir, era la excepción a su raza, la raza muggles. Hermione sería la única mortífaga nacida de muggles, pero eso se lo había ganado a pulso gracias a su increible inteligencia, por haber convatido en El Departamento de Misterios contra Antonin Dolohov y ganarle y por ser la más brillante del grupo del Trío Dorado. Porque sino fuese así, ya estarían los dos muertos y a seis metros bajo tierra.
Hermione buscó sus labios una vez más, sonriendo en el beso mientras él lo profundizaba. Poco a poco, ambos sientieron la necesidad de respirar y se fueron separando lentamente. Entonces, Hermione se puso de rodillas y le quitó el pantalón, y lamiendo lentamente su miembro mirándole a los ojos en todo momento.
Él cerró los ojos y gimió cuando sintió la lengua de Hermione acariciar su polla, suave al principio, haciendo círculos. Él puso sus manos en el cabello de ella, estrechándola más contra sí. Él amaba las sensaciones que su joven bruja le hacía sentir, amaba la sensación de sus labios apretados alrededor de su pene, los movimientos que hacía la lengua de su amada, las vibraciones causadas por sus gemidos, la deliciosa sensación de sentirse amado en todo momento. Ella pasaba las uñas por sus muslos, eso era algo que lo volvía loco. Él gruñó, pero podía sentirla sonreir. Esa era la señal que necesitaba Hermione para dar el siguiente paso, utilizar los dientes, al principio ligeramente, pero conforme pasaban los minutos y la necesidad iba haciendo mella en ellos, ella clavó sus uñas en los muslos de él y chupó con más rapidez. Él podía sentir la nariz de ella rozar con su miembro. ¡Jodida bruja! Sólo ella sabía cuales eran sus puntos débiles. Él la apretó más contra él para que tragara todo el semen que se había derramado en la boca de su preciosa Gryffindor.
Cuando el clímax llegó, Hermione se retiró un poco, recogiendo con su lengua las gotas que se habían derramado. Él la miró y ella le devolvió la mirada, deseo, cariño, ternura, amor, pasión y lujuria predominaban en su mirada. Él sonrió y la levantó, la necesitaba, la amaba y la deseaba. Ella le besó con ternura y pasión, él correspondió al beso, deleitándose con el sabor de él y la saliva de ella. Una mezcla demasiado peligrosa. Ella empezó a quitarle la ropa y él hizo lo mismo con ella, pero cuando Hermione quiso acercarse desnuda a su miembro, él no se lo permitió. Todavía no era el momento.
- Rabastan...-gimió ella cuando se rompió el beso.
- Hermione...-dijo él con voz ronca. La miró ¡Por Merlín! Era hermosa, tentación pura, inocencia y seducción. Y era de él, sólo de él. La presión en su polla aumentó. Él la rozó ligeramente las caderas con los dedos. Ella cerró los ojos, Rabastan sonrió y deslizó sus dedos hasta sus voluminosos senos. Ella sonrió. Eso hacía que él la amase más de lo que hacía, ver sus reacciones cuando él hacía el mínimo contacto era algo que le enorgullecía de sobremanera. Rabastan necesitaba volver a besarla, la había extrañado demasiado, aunque su último encuentro fuese anteayer. Colocó una mano en la cintura de su novia y otra en su cabello y la besó tierna y dulcemente, ella no perdía su sonrisa en ningún momento. Le acarició los senos, provocando que ella gimiese. ¡Oh, eso era música para sus oídos! Él sabía lo que ella quería y como lo quería.
- Rabastan, te amo.-dijo Hermione abriendo un poco más las piernas para una mejor posición.
- Y yo a ti, Hermione.-dijo Rabastan besándola de nuevo. Él sabía que ella quería que él la penetrase, y aunque sus deseos por poseerla aumentaban con cada instante, todavía no era el momento.
- Rabastan, te necesito.-dijo Hermione arqueándose. ¡Oh, sus gemidos le hacían perder la cordura! Y la fricción de sus pezones erectos contra su pecho le decía cuanto lo necesitaba en ese momento su dulce bruja.
Incapaz de resistirse a la tentación, él rompió el beso y lamió su garganta, su clavícula, sus pechos, sus pezones. Con un lento movimiento de su lengua, lamió uno de sus pezones erectos, acto seguido se alejó y el aire frío provocó que Hermione soltase un gemido. Él observó como se arqueaba.
- ¿Qué es lo que necesitas?-preguntó Rabastan jugando.
- A ti.-respondió Hermione. Respuesta acertada.
- ¿Así?-preguntó Rabastan moviendo una de sus manos hacia su clítoris y frotándolo rápidamente. Hermione se volvió a arquear, volvió a gemir. Rabastan sonrió de nuevo.
- Más.-respondió Hermione con ojos suplicantes. ¡Esa niña lo estaba volviendo loco día a día, pero eso era algo que él no podía ni quería evitar. Rabastan abrió las piernas de su chica y metió dos dedos dentro de su vagina, estaba húmeda y lista para él, los músculos de la castaña se contrajeron alrededor de sus dedos y él no pudo evitar pensar en la manera en la que los músculos de su chica se contraerían cuando su polla estuviese dentro de ella.
Con una maldicion, él trató de recuperar el control sobre sí mismo mientras metía y sacaba los dedos dentro y fuera de ella, rozando el pulgar con su clítoris, provocando que ella gimiese. Hermione puso su cabeza a un lado, permitiéndole un mejor acceso a su cuello, que él se encargó de besar, lamer y morder, marcándolo como suyo, mientras se deleitaba con los dulces sonidos que emitía ella, mientras su cuerpo temblaba bajo sus caricias.
Él sabía lo que ella ansiaba, pero antes quería comprobar hasta donde podía llegar Hermione por él. Rabastan siguió frotando intensamente, ella estaba a punto de correrse, él lo veía en sus sonrojadas mejillas, sus ojos oscuros por el placer, en la dulce sonrisa que adornaba su rostro. Estaba a punto de correrse, pero él, muy a su pesar, se separó de ella lentamente. Cuando Hermione se calmó un poco, él besó, lamió y mordió su clavícula. Ella gemía ante su menor roce y eso lo excitaba más. La escuchó susurrar su nombre varias veces mientras ella intentaba recuperar su autocontrol. Pero él no iba a dejarla hacer eso.
De nuevo, la llevó hasta el borde del placer y de nuevo se detuvo antes de que ella llegase al clímax. Hermione temblaba de placer, sus ojos castaños reflejaban todo el deseo que sentía por él, sus músculos se tensaron, respiraba profundamente, pero él debía controlarse, aunque los jadeos, gemidos y gritos de su chica lo volviesen loco.
Él también la necesitaba, la deseaba, la ansiaba. Su polla estaba tan dura como una roca, sus rugidos se mezclaban con los gemidos de ella. La deseaba, la amaba, la necesitaba.
Ahora él debía hacerla recordar porqué los sentimientos que él sentía eran correspondidos, porqué ella había traicionado a su propio bando, a sus ideales, a sus amigos, y se había unido a una causa que era todo lo contrarío a sus ideales, porqué se había unido a una secta de asesinos que querían exterminar a gente como ella.
Él la volvió a llevar hasta el borde de la locura, y se volvió a apartar, para colocar su cabeza a la altura de sus piernas y abrírselas. Primero metió un dedo en su vagina, después otro, y otro más. Los movió rápidamente sobre su clítorix. Ella gemía de placer, deleitándose con los movimientos que él hacía. Rabastan sacó los dedos y acercó su boca, lamió, llevándola a las puertas del clímax, su lengua jugó con su clítorix, deleitándose con su sabor. Bebió sus jugos vaginales, pero aún así no se detuvo. Hermione agarró sus cabellos, no queriendo que él se separase de ella y que el placer acabase. Él se movió, cambió de ángulo hasta que dió con un punto que hizo que Hermione gritase su nombre y arquease la espalda. Rabastan sonrió.
Ella no quería separarle bajo ninguna circunstancia, no lo soltó cuando una ola de placer invadió su cuerpo, tampoco cuando su garganta estaba exhausta para decir una sóla palabra más, ni cuando sus manos carecieron de fuerza debido al placer. Ella siempre estaba lista para más, no quería apartarse del lado de aquel mortífago que había sabido ganarse su corazón. Él lo sabía, ella se lo dijo.
Rabastan se separó lentamente de ella, agarró su miembro y lo metió lentamente en su vagina. Hermione se tensó y se agarró a la espalda de su novio. Joder, se sentía tan bien así, él se sentía fuerte, amado y excitado, ella era tan estrechita, los músculos de su vagina apretaban su pene y eso a él le encantaba. Ella le agarró el cabello, y él se dirigió a sus senos. Los mordió, lamió y chupó todo lo que quiso, sonriendo y disfrutando cuando ella gemía su nombre y arqueaba la espalda.
Ella se volvió a correr, gritando su nombre una vez más, seguida por una serie de jadeos, pero aún así, él no se detuvo, incluso cuando él mismo intentaba autocontrolarse para calmar su agitada respiración y ella se retorcía de placer debajo de él. Aún así no paró, ella quería más y él lo sabía.
Él salió de su interior, lentamente. Ella sonrió y le besó dulcemente, él se sintió dichoso. Entonces ella se dió la vuelta y él entendió. Esa era otra de las cosas que más sorprendían a sus compañeros mortífagos, Hermione y él no necesitaban palabras para comunicarse, se entendían a la perfección con la mirada, los roces, los gestos...incluso su propio hermano le había dicho que se estaba comportando como un maldito adolescente enamorado. Bueno ¿y qué más daba? Era verdad, él estaba profundamente enamorado de ella. No lo negaba y tampoco hacía nada por evitarlo.
Él la penetró por atrás. Ella estaba cansada, débil por todas las veces que había gritado su nombre, pero aún así, ella quería seguir haciendo el amor con él, por lo que coordinó los movientos de sus caderas con los de su amado mortífago. Hermione gemía una y otra vez, él no la hacía daño, pero la llenaba de una manera que nunca se imaginó. Rabastan cambió su ángulo y Hermione jadeó, satisfecha, y completamente agotada, incapaz de alejarse del hombre que se había acostado encima de ella. Aunque ella tampoco quería que él se separase. Ella rodó, colocándose encima de él, para besarlo con euforia, amor, dulzura, pasión, ternura y cariño.
Esa noche se quedarían abrazados, como lo hacían siempre. La primera vez que ella fue a ese jardín, y se encontró a Rabastan, lo único que quería era alejarse de él, pero desde el momento en el que sus labios se rozaron, ella supo que le pertenecía, porque él podría darle lo que nadie más podría. Fue por eso por lo que se convirtió en una traidora, y se unió a la causa de Lord Voldemort, por eso aceptó la marca, por eso cuando llegase la guerra, ocurriría una de las tres opciones; la primera: si su Señor ganaba la guerra, ellos estarían juntos en libertad. La segunda, si perdían la guerra, habría una celda en Azkaban esperándoles, pues estaba claro que tarde o temprano se sabría su traición. Y la última opción, que ambos acabaran muertos en el campo de batalla.
Pero nada de eso les importaba, porque pasase lo que pasase, ellos estarían juntos.
- Rabastan.-dijo Hermione. Él la miró.-¿Sabes qué cada día te amo más?
- Yo también te amo, Hermione.-dijo Rabastan.
- Si no hubieses venido para hablar conmigo a este jardín, no me lo hubiese perdonado nunca.-dijo Hermione.-Porque me hubiese sentido incompleta. Eres tú el que me llena, Rabastan, al que quiero con locura, deseo y amo más allá de todo. Por tí daría todo lo que tengo.
- Lo sé, amor mío.-dijo Rabastan besándola el hombro.-Me lo demuestras cada día. Y se lo demostraste a todos los mortífagos cuando decidiste unirte a nuestra causa, salvarme la vida, llevar la marca en tu brazo y traicionar a los tuyos. Gracias por elegirme.
- Gracias por elegirme a mi.-dijo Hermione colocándose encima de él y besándolo con amor. "Si esto es traición, no me arrepentiré nunca."
- Te amo, Hermione.-susurró Rabastan en su oído.-Nunca lo olvides.
- No lo olvidaré nunca.-dijo Hermione sonriendo.-Como tampoco olvidaré que con sólo una caricia me haces temblar, que con una palabra tuya pierdo la cordura y la razón. Soy tuya, y tú eres mío...por el resto de nuestras vidas.
- Y para siempre.-dijo Rabastan.
La traición tiene un sabor muy dulce, es por eso por lo que ella volverá de nuevo al lado de sus amigos, para volver a traicionarlos, para llevarlos a puntos de encuentro con los mortífagos que no dudarán en utilizar con ellos las maldiciones imperdonables, pero eso a ella no la importa, porque ella ya tiene a alguien a quien amar, alguien que es mucho más importante que el resto de los que siempre creyó amigos. Es por eso que traicionaría todas las veces que hiciese falta. Porque por Rabastan Lestrange, todo valía la pena.
Lord Voldemort hizo bien en dejar vivir a Rabastan, porque Hermione Granger era un arma de dos filos, ponía su lealtad donde ponía su cariño y ese cariño le pertenecía unicamente a uno de los mortífagos más sanguinarios que le servía. Hermione ya había escogido bando y pasase lo que pasase, no lo cambiaría por nada.
FIN
- Hermosura Regulus: gracias por tus palabras, he leído tus fics, son sorprendentes. Continúalos antes de que nos de un shock porque no actualizas.
- Hermione Granger: muchas gracias, espero que también te guste este capítulo.
- Ryoukai Ikari: gracias por tus ánimos. Me diste la idea para escribir este capítulo.
- Gailor: (soy un fiel admirador tuyo y no podría no incluirte en los agradecimientos cuando estoy enganchadísimo de tu fic
) Continúa así, eres genial escribiendo. Capítulo 2:
Rabastan se sentó en un banco en el jardín del Bosque Prohibido, donde había tenido su primer encuentro con Hermione, de eso hacía meses. Amaba a esa bruja con todo su ser, la quería con locura, por esa razón él se había abierto completamente a ella, le había dicho todo su pasado, sus ideales, toda su vida, y ella lo había aceptado tal y como era. Ahora tenían encuentros furtivos casi todos los días, en aquel jardín donde se reunieron la primera vez.
Sonrió sabiendo lo que iba a pasar.
Jugó con sus dedos, recordando el momento en el que ella se había puesto sobre él, agarrándole por el cabello, obligándole a mirarlo a los ojos cuando llegó el clímax después del orgasmo. Esa había sido una de las pocas veces en las que ella había tomado el control, por eso ese banco era uno de sus sitios preferidos. Aunque después él hubiese recuperado rápidamente el control, agarrando sus caderas y penetrándola más, aumentando el ritmo. Recordó sus gemidos, dulce música para sus oídos. ¡Merlín! Había sido una noche memorable.
Con un pequeño gemido, Rabastan abrió un poco sus piernas, tratando de aliviar un poco la presión de su polla que comenzaba a endurecerse. Sólo pensar en la maldita bruja de cabellos rizados, conseguía poner su miembro erecto. Se alegró de que ella estuviese allí en unos momentos, necesitaba volver a tenerla en su interior y sentir sus músculos apretando su miembro, gritando y gimiendo por él.
¡Oh, le gustaba hacer lo que ella le pidiese! Era como una droga, una adicción. Imposible de controlar, de parar. Le gustaba ver a su joven amante de rodillas, o su desordenado cabello cuando él la penetraba por detrás. Le gustaba probar posturas nuevas y dar rienda suelta a su imaginación cuando estaba con ella. Y Hermione siempre le pedía más, siempre le rogaba y suplicaba que aumentase la velocidad, que la hiciese el amor más fuerte y profundo una y otra vez.
Con una maldición, se desabrochó el pantalón y sacó su polla cuando la presión fue demasiada ¿porqué su dulce bruja estaba tardando tanto? Esta noche, él la haría el amor, sí, pero esta vez sería diferente a todas las veces anteriores, porque esta vez le mostraría lo que significaba el dolor y el placer cuando iban entrelazados. No es que pensase torturarla con crucius, ni falta que hacía. Él era un mortífago, sí, pero amaba a su pequeña rival y jamás podría dañarla, sólo quería mostrarla cuanto la necesitaba y deseaba.
Rabastan cerró los ojos y se la imaginó con las mejillas sonrojadas, los labios rojizos hinchados y sensuales, sus ojos brillantes y suplicantes de deseo, su pelo salvaje desordenado, su cuerpo sudoroso y excitado. Con una maldición, empezó a masturbarse. ¡Lo suyo era un auténtico problema! La necesitaba, la ansiaba, no podía permanecer ni un sólo minuto sin ella.
¡Joder! Sólo pensar en ella y ya estaba tan cerca del orgasmo. Odiaba y amaba la forma en la que ella podría afectarlo. ¡Lo volvía loco de placer! Le encantaba escuchar su voz y susurrarla cosas al oído. Rabastan sacudió la cabeza y trató de pensar en otra cosa, necesitaba controlar su cuerpo, pensamientos y sentimientos.
Justo en ese momento, apareció ella.
Rabastan sonrió cuando vió que ella se detenía a una distancia prudente. La mayoría de las veces, era él el que se acercaba a ella y la besaba tierna y apasionadamente, mientras la recostaba sobre el pasto y mordía cada centímetro de piel descubierta, después la ropa iba desapareciendo. Otras veces, era ella la que mandaba y él obedecía sin chistar. Ella le hacía gruñir de placer, a veces ella le hacía un baile de streetees qué a él le encantaba mirar.
Pero esa noche sería diferente. Rabastan se tumbó sobre el banco, girando su cabeza para observarla mejor. Él sabía que ella lo estaba observando, intentaba resistirse a él, pero no podría. Hermione estaba esperando que él diese el primer paso, él lo sabía, pero eso no iba a suceder...no todavía. Él necesitaba que ella comprendiese, que entendiese que lo que él sentía por ella no era un capricho, que no era ningún juego. Era amor. Y deseaba que Hermione lo desease como él la deseaba a ella. Y esta noche él se aseguraría que ella lo entendiese todo.
Esta noche, ella reconocería que lo necesitaba, que lo deseaba, que lo amaba y que no podía estar lejos de él por más que lo intentara. Porque ella siempre volvía a su lado, no importaba cuantas veces ella susurrase que era un error, que no podían hacer eso porque ella estaba traicionando a su propio bando. Él siempre conseguía sacarla alguna sonrisa, cuando le susurraba palabras de amor en su oído, y le recordaba en cada encuentro cuanto la amaba. También él se encargaba de mostrarla que la necesidad que él sentía era correspondida, porque sólo él era capaz de darle algo que nadie le había dado nunca. Y eso lo llenaba de orgullo. Él la amaba y eso no cambiaría.
Rabastan vió como ella tragaba nerviosamente. Él sonrió y ella lamió sus labios. Sin embargo, tenía que esperar a que ella se acercase.
- Mi amor-susurró Rabastan en voz baja. Hermione sonrió y se acercó a él rápidamente, fundiéndose en un apasionado beso.- ¿Tienes algo para mi?-preguntó Rabastan en voz baja.
- Sí.-respondió Hermione sosteniendo un pergamino en su mano. Rabastan sonrió. Ella siempre volvía a él, porque ella también lo amaba, porque los sentimientos que sentía él eran correspondidos, ella misma los reconocía en cada encuentro, hiciesen o no hiciesen el amor, ella siempre terminaba reconociendo cuanto lo amaba. Es por eso que Hermione se había convertido en una doble espía. Seguía al lado del Niño que Vivió, pero toda la información se la entregaba a él, para que Rabastan se la dijese al Señor Tenebroso.
¿Cómo había sucedido todo? Después de su primer encuentro en el jardín del Bosque Prohibido, Rabastan había sido llamado ante El Señor Tenebroso, quien tras varias horas de tortura, había utilizado la Ligelimency con él y lo había descubierto todo. Al principio Su Señor se cabreó con él y lo mandó encerrar en el calabozo más oscuro de la mansión, pero tras pensarlo unos días, Su Señor reconsideró la situación y mandó capturar a Hermione. Rodolphus fue quien la secuestró, aunque Rabastan jamás lo reconociera, le había causado gracia ver el deplorable estado en el que había vuelto su hermano, lleno de magulladuras, barro y suciedad. Al parecer, Hermione había sabido defenderse. Tras una charla que Su Señor había mantenido con Hermione, delante de todos los mortífagos, en donde Rabastan había estado atado y amordazado, Voldemort decidió jugar un poco con Hermione y decirla que podría presenciar en primera fila el asesinato de Rabastan. Fue entonces cuando ella reaccionó, se puso de rodillas y suplicó porque lo dejaran vivir. Su Señor sonrió y la dijo que dejaría vivir a Rabastan si ella se convertía en una doble espía y le daba información sobre la Orden. Nadie se imaginó que ella aceptase, nadie la creyó cuando dió su palabra, pero con el tiempo, todos fueron aceptando la relación que mantenían el mortífago y la joven bruja. Ella era intocable, nadie la podía maldecir, era la excepción a su raza, la raza muggles. Hermione sería la única mortífaga nacida de muggles, pero eso se lo había ganado a pulso gracias a su increible inteligencia, por haber convatido en El Departamento de Misterios contra Antonin Dolohov y ganarle y por ser la más brillante del grupo del Trío Dorado. Porque sino fuese así, ya estarían los dos muertos y a seis metros bajo tierra.
Hermione buscó sus labios una vez más, sonriendo en el beso mientras él lo profundizaba. Poco a poco, ambos sientieron la necesidad de respirar y se fueron separando lentamente. Entonces, Hermione se puso de rodillas y le quitó el pantalón, y lamiendo lentamente su miembro mirándole a los ojos en todo momento.
Él cerró los ojos y gimió cuando sintió la lengua de Hermione acariciar su polla, suave al principio, haciendo círculos. Él puso sus manos en el cabello de ella, estrechándola más contra sí. Él amaba las sensaciones que su joven bruja le hacía sentir, amaba la sensación de sus labios apretados alrededor de su pene, los movimientos que hacía la lengua de su amada, las vibraciones causadas por sus gemidos, la deliciosa sensación de sentirse amado en todo momento. Ella pasaba las uñas por sus muslos, eso era algo que lo volvía loco. Él gruñó, pero podía sentirla sonreir. Esa era la señal que necesitaba Hermione para dar el siguiente paso, utilizar los dientes, al principio ligeramente, pero conforme pasaban los minutos y la necesidad iba haciendo mella en ellos, ella clavó sus uñas en los muslos de él y chupó con más rapidez. Él podía sentir la nariz de ella rozar con su miembro. ¡Jodida bruja! Sólo ella sabía cuales eran sus puntos débiles. Él la apretó más contra él para que tragara todo el semen que se había derramado en la boca de su preciosa Gryffindor.
Cuando el clímax llegó, Hermione se retiró un poco, recogiendo con su lengua las gotas que se habían derramado. Él la miró y ella le devolvió la mirada, deseo, cariño, ternura, amor, pasión y lujuria predominaban en su mirada. Él sonrió y la levantó, la necesitaba, la amaba y la deseaba. Ella le besó con ternura y pasión, él correspondió al beso, deleitándose con el sabor de él y la saliva de ella. Una mezcla demasiado peligrosa. Ella empezó a quitarle la ropa y él hizo lo mismo con ella, pero cuando Hermione quiso acercarse desnuda a su miembro, él no se lo permitió. Todavía no era el momento.
- Rabastan...-gimió ella cuando se rompió el beso.
- Hermione...-dijo él con voz ronca. La miró ¡Por Merlín! Era hermosa, tentación pura, inocencia y seducción. Y era de él, sólo de él. La presión en su polla aumentó. Él la rozó ligeramente las caderas con los dedos. Ella cerró los ojos, Rabastan sonrió y deslizó sus dedos hasta sus voluminosos senos. Ella sonrió. Eso hacía que él la amase más de lo que hacía, ver sus reacciones cuando él hacía el mínimo contacto era algo que le enorgullecía de sobremanera. Rabastan necesitaba volver a besarla, la había extrañado demasiado, aunque su último encuentro fuese anteayer. Colocó una mano en la cintura de su novia y otra en su cabello y la besó tierna y dulcemente, ella no perdía su sonrisa en ningún momento. Le acarició los senos, provocando que ella gimiese. ¡Oh, eso era música para sus oídos! Él sabía lo que ella quería y como lo quería.
- Rabastan, te amo.-dijo Hermione abriendo un poco más las piernas para una mejor posición.
- Y yo a ti, Hermione.-dijo Rabastan besándola de nuevo. Él sabía que ella quería que él la penetrase, y aunque sus deseos por poseerla aumentaban con cada instante, todavía no era el momento.
- Rabastan, te necesito.-dijo Hermione arqueándose. ¡Oh, sus gemidos le hacían perder la cordura! Y la fricción de sus pezones erectos contra su pecho le decía cuanto lo necesitaba en ese momento su dulce bruja.
Incapaz de resistirse a la tentación, él rompió el beso y lamió su garganta, su clavícula, sus pechos, sus pezones. Con un lento movimiento de su lengua, lamió uno de sus pezones erectos, acto seguido se alejó y el aire frío provocó que Hermione soltase un gemido. Él observó como se arqueaba.
- ¿Qué es lo que necesitas?-preguntó Rabastan jugando.
- A ti.-respondió Hermione. Respuesta acertada.
- ¿Así?-preguntó Rabastan moviendo una de sus manos hacia su clítoris y frotándolo rápidamente. Hermione se volvió a arquear, volvió a gemir. Rabastan sonrió de nuevo.
- Más.-respondió Hermione con ojos suplicantes. ¡Esa niña lo estaba volviendo loco día a día, pero eso era algo que él no podía ni quería evitar. Rabastan abrió las piernas de su chica y metió dos dedos dentro de su vagina, estaba húmeda y lista para él, los músculos de la castaña se contrajeron alrededor de sus dedos y él no pudo evitar pensar en la manera en la que los músculos de su chica se contraerían cuando su polla estuviese dentro de ella.
Con una maldicion, él trató de recuperar el control sobre sí mismo mientras metía y sacaba los dedos dentro y fuera de ella, rozando el pulgar con su clítoris, provocando que ella gimiese. Hermione puso su cabeza a un lado, permitiéndole un mejor acceso a su cuello, que él se encargó de besar, lamer y morder, marcándolo como suyo, mientras se deleitaba con los dulces sonidos que emitía ella, mientras su cuerpo temblaba bajo sus caricias.
Él sabía lo que ella ansiaba, pero antes quería comprobar hasta donde podía llegar Hermione por él. Rabastan siguió frotando intensamente, ella estaba a punto de correrse, él lo veía en sus sonrojadas mejillas, sus ojos oscuros por el placer, en la dulce sonrisa que adornaba su rostro. Estaba a punto de correrse, pero él, muy a su pesar, se separó de ella lentamente. Cuando Hermione se calmó un poco, él besó, lamió y mordió su clavícula. Ella gemía ante su menor roce y eso lo excitaba más. La escuchó susurrar su nombre varias veces mientras ella intentaba recuperar su autocontrol. Pero él no iba a dejarla hacer eso.
De nuevo, la llevó hasta el borde del placer y de nuevo se detuvo antes de que ella llegase al clímax. Hermione temblaba de placer, sus ojos castaños reflejaban todo el deseo que sentía por él, sus músculos se tensaron, respiraba profundamente, pero él debía controlarse, aunque los jadeos, gemidos y gritos de su chica lo volviesen loco.
Él también la necesitaba, la deseaba, la ansiaba. Su polla estaba tan dura como una roca, sus rugidos se mezclaban con los gemidos de ella. La deseaba, la amaba, la necesitaba.
Ahora él debía hacerla recordar porqué los sentimientos que él sentía eran correspondidos, porqué ella había traicionado a su propio bando, a sus ideales, a sus amigos, y se había unido a una causa que era todo lo contrarío a sus ideales, porqué se había unido a una secta de asesinos que querían exterminar a gente como ella.
Él la volvió a llevar hasta el borde de la locura, y se volvió a apartar, para colocar su cabeza a la altura de sus piernas y abrírselas. Primero metió un dedo en su vagina, después otro, y otro más. Los movió rápidamente sobre su clítorix. Ella gemía de placer, deleitándose con los movimientos que él hacía. Rabastan sacó los dedos y acercó su boca, lamió, llevándola a las puertas del clímax, su lengua jugó con su clítorix, deleitándose con su sabor. Bebió sus jugos vaginales, pero aún así no se detuvo. Hermione agarró sus cabellos, no queriendo que él se separase de ella y que el placer acabase. Él se movió, cambió de ángulo hasta que dió con un punto que hizo que Hermione gritase su nombre y arquease la espalda. Rabastan sonrió.
Ella no quería separarle bajo ninguna circunstancia, no lo soltó cuando una ola de placer invadió su cuerpo, tampoco cuando su garganta estaba exhausta para decir una sóla palabra más, ni cuando sus manos carecieron de fuerza debido al placer. Ella siempre estaba lista para más, no quería apartarse del lado de aquel mortífago que había sabido ganarse su corazón. Él lo sabía, ella se lo dijo.
Rabastan se separó lentamente de ella, agarró su miembro y lo metió lentamente en su vagina. Hermione se tensó y se agarró a la espalda de su novio. Joder, se sentía tan bien así, él se sentía fuerte, amado y excitado, ella era tan estrechita, los músculos de su vagina apretaban su pene y eso a él le encantaba. Ella le agarró el cabello, y él se dirigió a sus senos. Los mordió, lamió y chupó todo lo que quiso, sonriendo y disfrutando cuando ella gemía su nombre y arqueaba la espalda.
Ella se volvió a correr, gritando su nombre una vez más, seguida por una serie de jadeos, pero aún así, él no se detuvo, incluso cuando él mismo intentaba autocontrolarse para calmar su agitada respiración y ella se retorcía de placer debajo de él. Aún así no paró, ella quería más y él lo sabía.
Él salió de su interior, lentamente. Ella sonrió y le besó dulcemente, él se sintió dichoso. Entonces ella se dió la vuelta y él entendió. Esa era otra de las cosas que más sorprendían a sus compañeros mortífagos, Hermione y él no necesitaban palabras para comunicarse, se entendían a la perfección con la mirada, los roces, los gestos...incluso su propio hermano le había dicho que se estaba comportando como un maldito adolescente enamorado. Bueno ¿y qué más daba? Era verdad, él estaba profundamente enamorado de ella. No lo negaba y tampoco hacía nada por evitarlo.
Él la penetró por atrás. Ella estaba cansada, débil por todas las veces que había gritado su nombre, pero aún así, ella quería seguir haciendo el amor con él, por lo que coordinó los movientos de sus caderas con los de su amado mortífago. Hermione gemía una y otra vez, él no la hacía daño, pero la llenaba de una manera que nunca se imaginó. Rabastan cambió su ángulo y Hermione jadeó, satisfecha, y completamente agotada, incapaz de alejarse del hombre que se había acostado encima de ella. Aunque ella tampoco quería que él se separase. Ella rodó, colocándose encima de él, para besarlo con euforia, amor, dulzura, pasión, ternura y cariño.
Esa noche se quedarían abrazados, como lo hacían siempre. La primera vez que ella fue a ese jardín, y se encontró a Rabastan, lo único que quería era alejarse de él, pero desde el momento en el que sus labios se rozaron, ella supo que le pertenecía, porque él podría darle lo que nadie más podría. Fue por eso por lo que se convirtió en una traidora, y se unió a la causa de Lord Voldemort, por eso aceptó la marca, por eso cuando llegase la guerra, ocurriría una de las tres opciones; la primera: si su Señor ganaba la guerra, ellos estarían juntos en libertad. La segunda, si perdían la guerra, habría una celda en Azkaban esperándoles, pues estaba claro que tarde o temprano se sabría su traición. Y la última opción, que ambos acabaran muertos en el campo de batalla.
Pero nada de eso les importaba, porque pasase lo que pasase, ellos estarían juntos.
- Rabastan.-dijo Hermione. Él la miró.-¿Sabes qué cada día te amo más?
- Yo también te amo, Hermione.-dijo Rabastan.
- Si no hubieses venido para hablar conmigo a este jardín, no me lo hubiese perdonado nunca.-dijo Hermione.-Porque me hubiese sentido incompleta. Eres tú el que me llena, Rabastan, al que quiero con locura, deseo y amo más allá de todo. Por tí daría todo lo que tengo.
- Lo sé, amor mío.-dijo Rabastan besándola el hombro.-Me lo demuestras cada día. Y se lo demostraste a todos los mortífagos cuando decidiste unirte a nuestra causa, salvarme la vida, llevar la marca en tu brazo y traicionar a los tuyos. Gracias por elegirme.
- Gracias por elegirme a mi.-dijo Hermione colocándose encima de él y besándolo con amor. "Si esto es traición, no me arrepentiré nunca."
- Te amo, Hermione.-susurró Rabastan en su oído.-Nunca lo olvides.
- No lo olvidaré nunca.-dijo Hermione sonriendo.-Como tampoco olvidaré que con sólo una caricia me haces temblar, que con una palabra tuya pierdo la cordura y la razón. Soy tuya, y tú eres mío...por el resto de nuestras vidas.
- Y para siempre.-dijo Rabastan.
La traición tiene un sabor muy dulce, es por eso por lo que ella volverá de nuevo al lado de sus amigos, para volver a traicionarlos, para llevarlos a puntos de encuentro con los mortífagos que no dudarán en utilizar con ellos las maldiciones imperdonables, pero eso a ella no la importa, porque ella ya tiene a alguien a quien amar, alguien que es mucho más importante que el resto de los que siempre creyó amigos. Es por eso que traicionaría todas las veces que hiciese falta. Porque por Rabastan Lestrange, todo valía la pena.
Lord Voldemort hizo bien en dejar vivir a Rabastan, porque Hermione Granger era un arma de dos filos, ponía su lealtad donde ponía su cariño y ese cariño le pertenecía unicamente a uno de los mortífagos más sanguinarios que le servía. Hermione ya había escogido bando y pasase lo que pasase, no lo cambiaría por nada.
FIN
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Regulus Black- Sexo:

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Re: Traición (Rabastan/Hermione)
Me alegro de que decidieses continuar tu fic, estoy emocionada!!
Es tan ardiente y apasionado que.... wow!
La proxima vez que tenga que hacer un lemon te pedire consejo, pues eres genial en este tema.
Tu eres mi admirador, ¡y yo te admiro a ti!
Besos
Es tan ardiente y apasionado que.... wow!
La proxima vez que tenga que hacer un lemon te pedire consejo, pues eres genial en este tema.
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gailor- Sexo:

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